Cómo elegimos los productos

Cómo decidimos qué entra en el catálogo de Nutrae, y qué descartamos y por qué.

Los siete criterios

  1. Dosis real. Dosis por toma equivalente a la del ensayo, no presencia simbólica del activo.
  2. Ingrediente de marca. Con estudios propios cuando existe, no un genérico intercambiable.
  3. Cepa con nombre completo. Nomenclatura completa y UFC al final de la vida útil, no en fabricación.
  4. Excipientes revisados. Sin dióxido de titanio; sin polioles en producto digestivo.
  5. Formato adecuado. Entérico, emulsionado o microencapsulado, según lo que pida el activo.
  6. Trazabilidad. Ficha técnica y certificado de análisis por lote disponibles.
  7. En regla. Notificación de puesta en el mercado hecha por el fabricante o importador.

El proceso

Cada referencia candidata pasa por los tres perfiles del equipo — dietista-nutricionista, médico y especialista en ciencias del deporte — antes de entrar en el catálogo. Revisamos composición, dosis, evidencia disponible (diferenciando siempre evidencia del ingrediente de evidencia del producto concreto) y seguridad, incluidas posibles interacciones o alertas regulatorias vigentes.

Si un producto no supera estos criterios, no entra — con independencia de lo bien que se venda en otras tiendas.

Lo que no vendemos, y por qué

Se puede explicar por qué no se vende algo citando evidencia. No se afirma que lo que sí vendemos cure o mejore nada.

  • Cimicífuga — revisión Cochrane con 2.027 mujeres: 0,07 sofocos/día de diferencia frente a placebo (p=0,79), y advertencia hepática obligatoria de la EMA.
  • NMN — no está autorizado como ingrediente de complementos alimenticios en la Unión Europea.
  • BCAA y HMB — sin efecto añadido demostrado cuando la ingesta de proteína ya es adecuada.
  • Quemagrasas y adelgazantes — no hay evidencia sólida que sostenga sus promesas habituales.

Un ejemplo de cómo tratamos la evidencia

Nuestra página sobre SIBO y salud digestiva es el mejor ejemplo de cómo aplicamos estos criterios en la práctica: ahí explicamos qué evidencia hay de verdad sobre el aceite de orégano y los probióticos, y qué no.